lunes, 10 de marzo de 2014

"Sin público no hay teatro. Cada público es distinto por eso cada función es distinta", siempre dicen eso. Pero hoy pude confirmarlo. Hoy en la función de "Presentes" me pasó algo distinto con el público mientras mi personaje Amalia, una niña de 7 años, interactuaba con ellos.

Amalia, cuéntales:

Amalia (7años): yo solo quería hacer amigos... no tengo amigos porque mis papás no me dejan salir a jugar a la calle y en el colegio las niñas me sacan la lengua, me doblan la mano o me miran feo. No las entiendo. Yo solo quiero jugar con ellas, pero ellas reaccionan así. Me duele que lo hagan. A veces me pongo a llorar. Por eso Mónica se ha convertido en mi mejor amiga. Ella nunca me haría daño. Mis primas dicen que es una muñeca, pero yo no la veo así porque ella siempre me escucha. 

Hoy se hizo una reunión en mi casa, había muchos invitados. Al escuchar tanta gente alisté a Mónica para salir a recibirlos. Quería que la conozcan. Y quería que ellos fueran mis amigos también. Todos fueron muy lindos conmigo, menos uno. Recuerdo que solo me respondió cómo se llamaba: Daniel. Lo saludé y justo cuando le iba a presentar a Mónica me miró horrible, me hizo sentir tonta, me miró como cuando las chicas de mi colegio no quieren que me acerque. No fue necesario que me dijera nada, pero sentí sus palabras, y eran muy fuertes. Me dio ganas de llorar. Pero como mi mamá me ha dicho que no llore cuando me pasen esas cosas, no lloré. Me fui de su sitio con toda su carga dentro de mí. Una señora me llamó a su lado y me comenzó a conversar bonito. Me distrajo, aunque yo seguía pensando en esa mirada. 

Miriam (actriz): Y seguía pensando en esa mirada la primera vez que entré al camerino para cambiarme de vestuario porque tenía que hacer otro personaje (en la misma obra). Me seguía doliendo aun cuando entré por segunda vez para cambiarme de vestuario porque tenía que volver a interpretar a Amalia pero ahora de 26 años en su fiesta de cumpleaños.

Amalia (26): ¿por qué se demoran tanto? No debí hacer una fiesta de cumpleaños si no tengo amigos. Me voy a quedar sola con todo este montón de comida. Si la bebida se queda, está bien, pero NO la comida, no quiero seguir engordando... 

Todo eso pensaba mientras los esperaba. Y de repente llegaron. Y llegaron en mancha. Uff, de verdad eran muchos. Fue extraño. Pero dentro de todo me sentí bien con ellos. Me sentí cómoda. Hasta que alguien me trajo un regalo... y como estaba tan emocionada decidí abrirlo en plena fiesta. Lo abrí. Era Mónica. Mónica de nuevo. Hace varios años papá me la había quitado. Con ella de vuelta se me vinieron a la mente todos mis recuerdos de niña. Lo que pasó con papá. Lo que pasó aquella vez con ese señor de la mirada horrible, sentí su rechazo de nuevo, el rechazo de las niñas de mi colegio. Mi soledad: mi realidad. Muchas cosas y mucho tiempo había pasado desde que tuve esas sensaciones. Pensé que ya las había superado. Pero todas resurgieron como si los recuerdos fueran recientes, y se me partió el corazón, y con él mi nuevo paraíso construido se rajó también y comencé a llorar. Quise pensar que me puse sensible por el trago. Finalmente esa fue la excusa para mis invitados y un "disculpen, ya vuelvo". Me fui. No regresé. No los quería ver. No quería que nadie me vea débil. Quería estar sola. Sola de nuevo, como siempre. Nadie me iba a hacer daño otra vez.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Ejercicio de ensayo teatral

¿En qué consistió? En llevar un objeto que relacionemos con cada uno de nuestros compañeros del elenco, explicar el porqué de la elección de ese objeto. 

Hoy para mis compañeros fui:

- un peluchito felino
- una vela con aroma
- un libro de Marco Aurelio Denegri
- El Principito
- una piedra preciosa.

Al final de la sesión me sentí muy agradecida, estimada, estimulada. También recordé algunas cosas que ya había olvidado de mí y que son parte de mi esencia. La sensación fue el regresar a mi casa mismo globo de helio, no sé en qué ruta regresé si andaba por las nubes.

El proceso de conocerlos, re-conocerlos y reconocerme a mí misma a través de sus miradas ha sido aleccionador, gratificante. Sentir que me abrazan largamente sonriéndome a los ojos, que hay un puente entre nosotros por donde transitan nuestras emociones me hace sentir que vamos siendo un solo cuerpo. La magia del teatro empieza una vez que hemos ofrendado el corazón.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Día 1: una nueva mirada

Es como si, de repente, me hubiera arrancado la cabeza del cuerpo y esta fuera un globo de helio que ha subido hasta las nubes, y desde allí estoy mirando hacia la tierra con nuevos ojos y una sonrisa tan gigante que babeo hasta achatar los baches que antes me hacían tropezar. Un mal día hoy es una lección, una oportunidad de aprendizaje, material para mi corazón y, por ende, barro para mi oficio.

El otro día pensaba, ¿pero en qué más podría encajar yo si he guardado y guardo tanto aquí en mi corazón? Y pensaba en lo bonito que es hacer arte con las emociones. El teatro, de alguna forma, me ha salvado, ahora que he vuelto a él me siento viva, y también como una adolescente, pues he vuelto a pegar pósters en las paredes de mi cuarto (ahora son pósters de teatro, antes eran de cine, creo que porque quería ser actriz de Hollywood, ahora eso me importa un comino), y en 2 ocasiones, claramente, me he vuelto a sentir como una niña: eso de cantarle a los pájaros, a Dios y al cielo en idiomas inventados solo lo hacía cuando tenía 4 años.

Y, para sumar a los "acontecimientos", hace poco apareció un hermano mío, de alma, que me ha abrazado con sus palabras a través de sus cartas: Van Gogh, que me ilumina a diario y alimenta mi espíritu con su grandeza.

En este álbum recopilaré tanto emociones como pensamientos, ya sea para los procesos creativos (de actuación u otra índole) que esté desarrollando, o simplemente porque son descubrimientos que quiero fotografiar con mis palabras.