Amalia, cuéntales:
Amalia (7años): yo solo quería hacer amigos... no tengo amigos porque mis papás no me dejan salir a jugar a la calle y en el colegio las niñas me sacan la lengua, me doblan la mano o me miran feo. No las entiendo. Yo solo quiero jugar con ellas, pero ellas reaccionan así. Me duele que lo hagan. A veces me pongo a llorar. Por eso Mónica se ha convertido en mi mejor amiga. Ella nunca me haría daño. Mis primas dicen que es una muñeca, pero yo no la veo así porque ella siempre me escucha.
Hoy se hizo una reunión en mi casa, había muchos invitados. Al escuchar tanta gente alisté a Mónica para salir a recibirlos. Quería que la conozcan. Y quería que ellos fueran mis amigos también. Todos fueron muy lindos conmigo, menos uno. Recuerdo que solo me respondió cómo se llamaba: Daniel. Lo saludé y justo cuando le iba a presentar a Mónica me miró horrible, me hizo sentir tonta, me miró como cuando las chicas de mi colegio no quieren que me acerque. No fue necesario que me dijera nada, pero sentí sus palabras, y eran muy fuertes. Me dio ganas de llorar. Pero como mi mamá me ha dicho que no llore cuando me pasen esas cosas, no lloré. Me fui de su sitio con toda su carga dentro de mí. Una señora me llamó a su lado y me comenzó a conversar bonito. Me distrajo, aunque yo seguía pensando en esa mirada.
Miriam (actriz): Y seguía pensando en esa mirada la primera vez que entré al camerino para cambiarme de vestuario porque tenía que hacer otro personaje (en la misma obra). Me seguía doliendo aun cuando entré por segunda vez para cambiarme de vestuario porque tenía que volver a interpretar a Amalia pero ahora de 26 años en su fiesta de cumpleaños.
Amalia (26): ¿por qué se demoran tanto? No debí hacer una fiesta de cumpleaños si no tengo amigos. Me voy a quedar sola con todo este montón de comida. Si la bebida se queda, está bien, pero NO la comida, no quiero seguir engordando...
Todo eso pensaba mientras los esperaba. Y de repente llegaron. Y llegaron en mancha. Uff, de verdad eran muchos. Fue extraño. Pero dentro de todo me sentí bien con ellos. Me sentí cómoda. Hasta que alguien me trajo un regalo... y como estaba tan emocionada decidí abrirlo en plena fiesta. Lo abrí. Era Mónica. Mónica de nuevo. Hace varios años papá me la había quitado. Con ella de vuelta se me vinieron a la mente todos mis recuerdos de niña. Lo que pasó con papá. Lo que pasó aquella vez con ese señor de la mirada horrible, sentí su rechazo de nuevo, el rechazo de las niñas de mi colegio. Mi soledad: mi realidad. Muchas cosas y mucho tiempo había pasado desde que tuve esas sensaciones. Pensé que ya las había superado. Pero todas resurgieron como si los recuerdos fueran recientes, y se me partió el corazón, y con él mi nuevo paraíso construido se rajó también y comencé a llorar. Quise pensar que me puse sensible por el trago. Finalmente esa fue la excusa para mis invitados y un "disculpen, ya vuelvo". Me fui. No regresé. No los quería ver. No quería que nadie me vea débil. Quería estar sola. Sola de nuevo, como siempre. Nadie me iba a hacer daño otra vez.
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